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Argentina contra la macrocefalia urbana: el desafío para poblar el interior del país

Ante la asimetría en la distribución poblacional, el reto para las autoridades es generar incentivos para el desarrollo de las localidades alejadas de los grandes centros urbanos a lo largo del territorio argentino. El caso de una ciudad que apostó por la industria del conocimiento como puntapié inicial.
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La disparidad en la densidad poblacional a lo largo del territorio constituye un común denominador de la mayoría de los países latinoamericanos. El caso de Argentina destaca por el contundente contraste entre los grandes centros urbanos y el resto de localidades. Ante el fenómeno —potenciado por el crecimiento demográfico—, las ciudades del interior esgrimen disímiles políticas para atraer residentes.
Según datos del censo nacional del 2022, en Argentina viven poco más de 46 millones de personas a lo largo de los 2,8 millones de kilómetros cuadrados del territorio continental. La distribución es por demás asimétrica: entre la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires (conurbano de la capital del país) residen unos 14 millones de habitantes: casi un tercio de la población total en poco más de 13.000 kilómetros cuadrados.
Un informe del Ministerio del Interior de la Nación publicado en 2020 señala que casi el 70% de la población reside en los 31 aglomerados urbanos más grandes del país.
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"Argentina se encuentra entre las naciones más urbanizadas del mundo. El 92% de su población es urbana, muy por encima de la media mundial (54%) y por encima de la media de Europa (75%), de Estados Unidos (82,2%) y de la propia región de la que forma parte (83%)", subraya el documento.
El estudio indica que en el país hay "una distribución espacial desequilibrada: el 37% de la población urbana se encuentra localizada en el Aglomerado Gran Buenos Aires (AGBA). Su peso supera en casi 10 veces a la aglomeración que le sigue en magnitud de población. El 73% de la población de la provincia de Buenos Aires vive en los partidos del Conurbano, que representan el 4% de la superficie provincial".

El desafío de fondo

"Argentina sufre lo que se llama macrocefalia urbana. Es decir que una de sus ciudades, Buenos Aires, concentra una parte importante de la población nacional. No es el único país latinoamericano que lo sufre: Chile, Perú y otros de la región tienen este mismo fenómeno", explica a Sputnik el urbanista e investigador Federico Poore.
El fenómeno trae aparejado un cúmulo de inconvenientes, dada la presión que se ejerce sobre los servicios provistos por el área, que condensa a casi un tercio del total de habitantes: "el Área Metropolitana de Buenos Aires no está pudiendo hacerle frente a toda la concentración de personas que se aglutinan en torno a ella, sobre todo en materia de infraestructura", explica.
"Siendo Argentina un país con tanta extensión, uno tiende a pensar que podrían existir muchas otras ciudades intermedias que hicieran las veces de núcleos de ciertas actividades, para desconcentrar la densidad poblacional. La pregunta no es cómo hacer que Buenos Aires albergue a más gente, sino cómo hacemos para desarrollar otras ciudades para que tengan más ventajas incluso para sus residentes actuales", propone Poore.
La idea de apostar por localidades de menor peso demográfico afronta diversas dificultades. De acuerdo a la organización no gubernamental Responde, que incentiva la recuperación de estos pueblos, 625 de las 2.500 localidades rurales alrededor del país han sufrido una caída sustancial en el número de residentes en la última década.
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No obstante, la tendencia no es irreversible. El urbanista destaca que "muchas ciudades han perdido habitantes en el último tiempo, pero por la reconfiguración económica o hasta por el tipo de actividad que realizan, pueden encontrar esa inserción que les dé ese apoyo económico que a su vez atraiga parejas, jóvenes y estudiantes, que constituyen el segmento clave para su desarrollo. Esta es la misión".
"En la decisión de vivir en Buenos Aires adquiere un peso determinante la expectativa de encontrar empleo, servicios y una calidad de vida confortable, pero existen infinitas zonas donde el alquiler es muy accesible. El costo de vida es un activo fundamental de las ciudades intermedias. La posibilidad de comprar una casa —prácticamente descartada en la capital— todavía existe en localidades menores", explica el investigador.

De la idea a la realidad

Entre las posibles estrategias para concretar la desconcentración demográfica a través de la apuesta por las ciudades de menor tamaño subyace un requisito elemental: la preexistencia de un sector económico capaz de sostener el crecimiento poblacional al que se apunta. A diferencia de los servicios brindados por el Estado, este capítulo no depende exclusivamente de la voluntad política.
Poore lo pone en palabras: "No hay una manera artificial de generar estos núcleos. Siempre tiene que haber una actividad económica que atraiga a los residentes y, simultáneamente, para que existan ciertas ofertas de servicios que uno espera de las ciudades, también hace falta una mínima masa crítica de gente, por lo que no puede inventarse una ciudad de la nada".
"No puede implantarse automáticamente una empresa simplemente por que haya voluntad política, sino que también son necesarias políticas públicas y económicas que acompañen ese proceso. Lo fundamental es generar las estructuras necesarias para que las personas puedan operar en un nivel razonable y obtener una cierta calidad de vida", explica el experto.
Concretamente, son dos las herramientas más utilizadas en la misión de poblar el interior del país: el desarrollo de empresas de programación y de la economía del conocimiento, por un lado, y la industria del turismo, por el otro.
Las ventajas de la primera alternativa resultan evidentes. Por un lado, la deslocalización de las principales firmas —posibilitado por el trabajo a distancia— constituye un activo central para los "nómadas digitales" que brindan sus servicios remotamente, aprovechando la oportunidad de escapar al estrés asociado a las grandes urbes.
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Según el investigador, "las empresas deslocalizadas ven un atractivo en los costos de las ciudades intermedias. No solamente por la carga impositiva, sino también por el valor del suelo y del costo de vida en general. Es probable que, con un salario inferior, los trabajadores puedan tener una mejor calidad de vida que la que tendrían en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo".
En cambio, el sector turístico cuenta con otros requerimientos y oportunidades. Si bien su desarrollo depende tanto de los paisajes naturales o urbanos disponibles, no requiere de fuertes inversiones en formación académica, por ejemplo.
"El gran atractivo para las ciudades reside en la fuerte salida para los sectores de baja calificación, ya que muchos trabajadores de baja formación que pueden encontrar una buena alternativa en los sectores vinculados con los alojamientos y servicios. Esto es absolutamente diferente en el caso del software y la exportación de servicios", explica Poore.
"La ciudad de Las Vegas, en Estados Unidos, no tiene un atractivo turístico natural: está ubicada en medio del desierto, lejos de todo. Pero pronto se convirtió en un emblema del juego y el entretenimiento. Eso muestra que las ciudades argentinas, independientemente de su belleza natural, pueden encontrar un área para destacarse y desarrollarse", grafica el especialista.

Tandil, el 'Silicon Valley argentino'

En el centro geográfico de la provincia de Buenos Aires, a 350 kilómetros al sur de la capital del país, la ciudad de Tandil decidió apostar por la industria del conocimiento para su desarrollo poblacional.
Desde hace tres décadas, la decisión municipal llevó a que en pleno 2023 se la considere el Silicon Valley argentino, donde más de 80 empresas vinculadas a la economía del conocimiento decidieron establecerse para, desde ahí, exportar sus servicios al mundo.
El sector emplea a unos 2.500 profesionales jóvenes, cuyos sueldos —denominados en dólares— hasta quintuplican a los del resto de la economía formal del país: es tal el grado de crecimiento del clúster informático, que demanda todos los meses unos 150 puestos de trabajo. Apuntalado por la pujante industria, la ciudad bonaerense ha sentido el impacto directo del desarrollo tecnológico.
"Entre 2010 y 2022 la población creció un 50%: pasamos de 100.000 habitantes a 155.000. Esto da cuenta de más de un 3% anual de crecimiento, algo inédito. La ciudad del conocimiento apuntaló a todo Tandil", dice a Sputnik Mariano Berenstein, director de Turismo de la ciudad.
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La piedra basal sobre la que se montó el boom de la urbe es la formación académica. Mediante la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), cuyo campus está ubicado a minutos del centro urbano, la localidad apuesta por las carreras orientadas a la industria del conocimiento, funcionando como atractivo central para empresas del sector.
"La Unicen fue la base real que posibilitó el potenciamiento de la ciudad. Acá tenemos un espectacular recurso humano formado en la universidad pública y que posibilita el acceso a puestos muy bien remunerados", dice el funcionario.
El punto de quiebre se dio en 2006, cuando la gigante Globant —empresa de ingeniería de software y tecnología— abrió sus primeras oficinas fuera de Buenos Aires. Con el impulso del unicornio argentino, la política de atraer inversores del sector alentó a muchas otras compañías que terminarían constituyendo la Cámara de Empresas del Polo Tecnológico de Tandil (CEPIT) en 2011. En 2015, la ciudad lanzó el Plan Estratégico del Software y la Biotecnología.
"Con 150.000 habitantes, Tandil contaba con una mínima masa crítica para desarrollar las distintas industrias. Otro activo central del proyecto consiste en que la ciudad está ubicada en el centro de la provincia, por lo que no supone un cambio drástico en el lugar de residencia, como sí podría significar el hecho de mudarse a una localidad del sur del país", resalta Poore.
Sin embargo, los activos no se cierran sobre el polo tecnológico. Rodeada de sierras, la ciudad constituye una referencia del turismo bonaerense: "Tandil viene trabajando el turismo desde hace más de 20 años. Hoy, casi todos los fines de semana del año, Tandil tiene ocupación hotelera superior al 90%. Es uno de los lugares de mejor calidad de vida del país, y eso atrae a familias jóvenes vinculadas con el mundo del conocimiento", explica Berenstein.
"Un turista me dijo hace poco que Tandil es lo que la Argentina podría ser, y lo cierto es que es una comunidad muy interesante, sobre todo por la cantidad de población formada profesionalmente. Hace un tiempo se decía que el país necesitaba 100 Tandiles. Si bien es exagerado, creo que el modelo de la ciudad puede replicarse", sostiene el funcionario.
El caso de Tandil —soslayando las especificidades de la localidad— puede marcar un norte para el resto de ciudades del interior. Según Poore, "el censo del 2022, contrapuesto con el de 2010, dan la pauta de que la primacía de Buenos Aires dejó de ser tal. Va a haber diversas zonas que ganen peso en perjuicio de los grandes centros urbanos. No sé si es muy temprano para decirlo, pero yo creo que hay una tendencia de crecimiento de este tipo de ciudades".
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