Ciencia

Desesperación y estrés: así afecta el tráfico de Ciudad de México a sus habitantes

Marcel se dedica a la venta de libros al sur de la Ciudad de México desde hace 14 años. Asegura que, todos los días, el trayecto para llegar a su trabajo le toma entre 60 y 90 minutos. Antes eran 30 minutos, pero desde mayo de 2021, cuando se cayó el metro de la Línea 12, en el suroriente de la capital, todo cambió.
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"Se desquicia uno. No hay agentes de tránsito que puedan apoyar todo este tráfico y aquí, en esta avenida en específico, avenida Tláhuac, es tierra de nadie. Aquí es sobrevivencia", comparte con zozobra el librero.
En la misma avenida, Araceli, una trabajadora del hogar y ama de casa de 53 años, toma el camión para llegar a la casa en la que labora, ubicada en torno al centro histórico de Coyoacán, uno de los barrios de mayor plusvalía de la metrópoli.
Antes de que comenzaran los trabajos de reparación de la llamada línea dorada, como se conoce a la ruta 12 del metro capitalino —un saneamiento que inició en agosto de 2021, cinco meses después de que un convoy se desplomó cobrando la vida de 26 personas y dejando decenas de heridos—, a la mujer le costaba 40 minutos trasladarse; hoy le puede llevar hasta 90 minutos, más del doble, según el capricho del tránsito.
—¿Cómo te sientes cuando estás atorada en el tráfico?, le pregunta Sputnik a Araceli.

"Bien desesperada, luego hasta quiere uno mentársela al chofer porque hay unos que buscan calles y otros se van de plano por toda la avenida y hay veces que, de tanta desesperación, mejor me duermo para no hacer corajes", responde riendo y resignada a la vez.

El esposo de Ara, Mario, es mecánico y, aunque no utiliza la avenida Tláhuac para llegar a su empleo, los trabajos de reparación del metro también lo perjudican. "Afecta también lo de avenida Tláhuac, porque como está saturada saturan más el Periférico [la vía que toma para desplazarse] y eso hace que se genere más tráfico, a veces corro con suerte y son 40 minutos o 45, pero han llegado ocasiones que ha sido como una hora".
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Cuestionado sobre sus emociones cuando el camión va a vuelta de rueda, Mario dice sentirse desesperado, especialmente porque en su trabajo la puntualidad es una máxima y si no registra su ingreso en punto de las 8:30 horas, la empresa se lo penaliza como retardo, lo que implica que le descuenten un porcentaje de su sueldo.
En 1995, el escritor y periodista mexicano Carlos Monsiváis escribió en su colección de crónicas Los rituales del caos que el embotellamiento en la Ciudad de México es ya la segunda naturaleza del ser humano.

"El hervidero de vehículos. De golpe parece que todos los automóviles de la tierra se concentrasen en un punto para avanzar sin avanzar, mientras el embotellamiento es ya segunda naturaleza del ser humano, es el afán de llegar tarde y a buen paso al Juicio Final, es la prisión en crujías móviles, es el cubículo donde se estudia la radio, universidad del aquietamiento. Entre las dos y las seis de la mañana, hay un respiro, la especie parece aletargada... y de pronto todo se reanuda", apuntó el también ensayista hace casi 30 años, aunque la imagen describe a la perfección un día cualquiera en la vida de quienes viven hoy en la capital del país latinoamericano.

Según cifras de 2022 sistematizadas por el Traffic Index de la plataforma de tecnología de geolocalización TomTom, la Ciudad de México es una de las principales urbes del mundo con el peor tránsito vehicular, con el puesto número 13 en una lista de 390 ciudades. En promedio, los y las capitalinas pasan 244 horas al volante en el año.
Esto en una ciudad en la que, con corte a marzo de 2023, se tienen más de 36,2 millones de vehículos registrados, según las Cifras Estadísticas de Vehículos de Motor Registrados en Circulación, que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De dicha cifra, 701.720 corresponde a vehículos públicos y 35,3 millones a particulares.
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Por su parte, el diagnóstico técnico del Programa Integral de Movilidad de la Ciudad de México 2020-2024 indica que, en lo que respecta a los viajes de traslado con propósito laboral —que figura como el motivo principal de los desplazamientos en la megaurbe—, el tiempo promedio de traslado es de 87 minutos.
No obstante, para quienes se desplazan desde el cuarto contorno —de acuerdo con una subdivisión de la zona metropolitana del Valle de México—, el tiempo mínimo de traslado es de 122 minutos; o sea: al menos tres veces más que los viajes que inician en la ciudad central.
El primer contorno incluye a las demarcaciones: Coyoacán, Gustavo A. Madero, Iztacalco y Álvaro Obregón. El segundo: Magdalena Contreras, Tlalpan, Xochimilco, Ecatepec de Morelos, Naucalpan de Juárez, Nezahualcóyotl y Tlalnepantla de Baz.
El tercero: Cuajimalpa de Morelos, Milpa Alta, Tláhuac, Atizapán de Zaragoza, Coacalco de Berriozábal, Cuautitlán, Chalco, Chicoloapan, Huixquilucan, Jaltenco, Nicolás Romero, Tecámac, Tultitlán, Cuautitlán Izcalli y Valle de Chalco Solidaridad. Finalmente, el cuarto contorno contiene el resto de los municipios de la ZMVM.
Concretamente, los viajes que tienen su origen en los municipios conurbados comienzan en promedio entre las 4:00 y las 6:00 horas, señala el documento. De esa manera, las personas que viven en los municipios conurbados invierten más tiempo en traslados que quienes viven en la zona central, lo que genera estrés y, por ende, puede repercutir en su salud física y mental.

Afectaciones del tráfico en la salud

En entrevista para Sputnik, el jefe del Laboratorio de Neuropsicofarmacología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el doctor Hugo Sánchez Castillo, explicó que el estrés es una respuesta adaptativa ante situaciones que pueden representar un daño potencial.
Dicho de otra manera, emerge ante ambientes que, en algún momento para la especie, eran muy complicados: "que nos pueda matar un tigre dientes de sable, un cocodrilo; entonces, aparece un sistema que nos mantiene alerta (...) para poder sobrevivir".
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No obstante, cuando la humanidad dejó de tener depredadores, añade el también profesor de tiempo completo de la Facultad de Psicología de la UNAM, aparecieron otras situaciones que aunque no ponen en riesgo nuestra vida, sí nos generan estrés y nos pone en alerta como si tuviéramos que sobrevivir.

"Cuando una persona se encuentra en una situación de estrés y aparece este mecanismo de sobrevivencia, hay una disminución del sueño, un incremento de la alerta, una mayor liberación de opioides endógenos, de noradrenalina, de adrenalina; hay una disminución de dopamina y, por lo tanto, una disminución de la sensación de apetito, una disminución en el interés de la cuestión sexual, cambios en cuanto a la atención", puntualiza el estudioso de los mecanismos farmacológicos, fisiológicos y conductuales del estrés y sus implicaciones para el trastorno de estrés postraumático.

Pero en el caso concreto del estrés que se genera cuando estamos atrapados en el embotellamiento, el especialista distingue dos tipos:
Agudo, que puede pasar en una sola ocasión y que a veces puede ser un estrés muy grande, como el que se produce durante un asalto o un desastre y que a largo plazo puede provocar ansiedad generalizada, trastorno de pánico, fobia, trauma, etcétera.
Crónico, que se caracteriza por microestresores que en apariencia no causan un impacto tan grande; sin embargo, al tratarse de una situación constante y cotidiana, genera ansiedad, deterioro cognitivo, problemas de aprendizaje y de memoria, cambios a nivel bioquímico, cambios en el cortisol, cambios en sistemas de neurotransmisión, entre otros problemas.
En ese sentido, apunta Sánchez Castillo, el estrés agudo puede ser un factor para que muchas enfermedades oportunistas puedan aparecer.
"Esto es sumamente importante (...), además al estrés del tráfico, tendremos que sumarle el estrés de la cotidianidad", asevera el científico.
"O sea, por el tráfico voy a llegar tarde al trabajo, me van a regañar, por el tráfico voy a llegar tarde a mi casa y a lo mejor ya no cené, o a lo mejor mi familia me está esperando, o tengo una reunión importante con mi familia y, entonces, si usted se fija, vamos sumándole microestresores y esto a largo plazo, pues viene en un detrimento de la salud mental", explica.
Adicionalmente, comenta el académico, no es fortuito que en Ciudad de México "estén totalmente hacia el alta, problemas como gastritis, como colitis, como ansiedad". Mientras que las cifras de violencia intrafamiliar y violencia contra la infancia, destaca, también se disparan.
"Lo cual se desata con estos microestresores, que a veces no los consideramos tan importantes, pero que a la larga, pues pueden tener efecto y si se lleva a algún problema más intenso, como desarrollar trauma o fobia o algo así, podemos hablar incluso de impacto a nivel del sistema nervioso central, particularmente estructuras como la corteza prefrontal, la amígdala, el hipocampo, son estructuras que sufren cambios importantes si se mantiene esta exposición [al estrés crónico], indica el experto.
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Incremento de los incidentes de tránsito

Una consecuencia más del estrés al volante son los accidentes. De acuerdo con datos del Reporte Trimestral de Hechos de Tránsito, que elabora la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México (Semovi), de octubre a diciembre de 2022, 152 personas fallecieron y 9.265 resultaron lesionadas en hechos de tránsito capitalinos.
Al respecto, el doctor Sánchez Castillo comentó que cuando nos encontramos en situaciones estresantes la bioquímica de nuestro cerebro se modifica y la valoración que hacemos del entorno se vuelve totalmente diferente, por lo que podemos ser más impulsivos.
Este 11 de mayo de 2023, por ejemplo, se viralizó un video en el que se aprecia a un automovilista en el momento preciso en el que impacta a un ciclista que se desplazaba delante de él, sobre una vialidad evidentemente congestionada, en apariencia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Presuntamente, el conductor del vehículo automotor se pasó el alto que marcaba el semáforo, como denunció quien grabó las imágenes.
Otra persona que atestiguó lo sucedido, por su parte, aseguró que previamente el dueño del vehículo le aventó el carro al ciclista por un costado, por lo que el ciclista le reclamó. Momentos después, fue arrollado.
"Ahí lo que se puede atribuir a la condición estresante es que (...) te pone en un proceso en el cual la impulsividad es más fácil que aparezca, porque una de las cosas que hace el estrés es que disminuye la actividad cortical, que es básicamente la que nos ayuda muchísimo en la toma de decisiones, entonces, bajo estas condiciones, nuestras decisiones se pueden volver un poco menos en función de la sociedad y más en función de uno mismo, o una misma, y entonces puedes tomar una decisión tan abrupta como este tipo de cosas", aclaró el especialista.
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A lo anterior, sin embargo, hay que añadir que la salud mental no suele ser considerada como una prioridad, apunta Sánchez Castillo. Es decir, es probable que quienes pueden tener este tipo de respuestas —tomar la decisión de arrollar a un ciclista— "ya vinieran con niveles altos de estrés, que ya vinieran con estrés laboral, que ya vinieran con una condición, que por tratarse de salud mental no se atienden", lamenta el doctor.
"A veces creemos que la salud mental no es como la otra salud, y cosa que es muy triste porque viene del cerebro y el cerebro es físico, entonces, al igual que cuando te rompes un brazo, cuando tú sientes que estás teniendo problemas con el control emocional, deberías de ir a atender tu salud mental", declara.
Al preguntarle qué le gustaría hacer si dispusiera del tiempo que pierde en el tráfico, Mario comparte a este medio que tal vez irse en bicicleta, algo a lo que sus compañeros de trabajo lo alientan. Sin embargo, reconoce que en esta ciudad no existe respeto para el ciclista ni para nadie.
"El trayecto es muy corto, pero obviamente, como pasa aquí en la ciudad, pues no hay el respeto hacia el ciclista, ni al motociclista, ni al mismo peatón, entonces es un riesgo, es un riesgo muy fuerte", reprocha.
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