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Enroque en gabinete de Perú para evitar jaque de la pandemia y del Congreso

LIMA (Sputnik) — El Gobierno de Martín Vizcarra en Perú afronta en su último tramo de gestión, que concluye en julio de 2021, dos flancos de lucha inesperados: la pandemia del coronavirus y las tensiones con el nuevo Congreso legislativo que asumió funciones en marzo, tras la disolución en septiembre de 2019 de su antecesor beligerante.
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Ante el avance estas amenazas, el presidente conmovió al ambiente político nacional el 15 de julio al anunciar un cambio de gabinete. Tras una ceremonia en Palacio de Gobierno de Lima, el jefe de Estado optó por ratificar a 6 ministros y cambiar a otros 13.

Acorde con los temas que más perturban la gestión del Ejecutivo, el presidente convenientemente ha optado por dos variantes capitales: la del titular de la Presidencia del Consejo de Ministros (primer ministro) y la del titular de Salud, apuntando a mejorar las relaciones con el Legislativo y la gestión de la crisis sanitaria, respectivamente.

Los nuevos rostros

Lapandemia del COVID-19 tiene contra las cuerdas al Gobierno. Perú es el tercer país en Latinoamérica con el mayor número de muertes por la enfermedad, luego de Brasil y México, y la gestión del saliente ministro, Víctor Zamora, ha incurrido en falencias que el Ejecutivo no puede disimular.

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A pesar de los mensajes optimistas, los gremios médicos y la población denuncian falta de oxígeno medicinal, insuficiencia de camas en hospitales o escasez de medicinas. Esta gestión deficiente se puede ejemplificar en el hecho de que el Gobierno, el 24 de junio, anunció que iba a expropiar las clínicas privadas si estas no llegaban a un acuerdo para recibir pacientes con COVID-19. El acuerdo se cerró dos días después, pero hasta la fecha ningún paciente ha sido derivado de la sanidad pública hacia el sistema privado.

Vizcarra nombró como nueva ministra de Salud a la doctora Pilar Mazzetti. Ella se venía desempeñando como jefa del Comando Covid, grupo de profesionales de la sanidad pública, el seguro social, el sistema privado y la sanidad policial y militar encargados de articular medidas intersectoriales para hacer frente a la pandemia.

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Durante su gestión, Mazzetti, quien además ya fue ministra de Salud entre los años 2004 a 2006, tuvo un discurso más honesto con la ciudadanía, a pesar de no ser agradable. Al frente del Comando Covid, Mazzetti ha aceptado que el sistema ha colapsado y ha manifestado que publicar el número real de muertos no es una buena estrategia para "no bajar la moral de los profesionales de salud", como afirmó el ministro saliente, entre otros datos duros, pero ciertos.

Al parecer, con Mazzetti, Vizcarra espera dar un giro en la gestión sanitaria frente al descontento de una población que no ve reflejado en el discurso oficial lo que se vive en las calles. Con 12.229 muertos encima, es sensato pensar que la ciudadanía quiere la verdad, por más dolorosa que esta sea.

El Congreso otra vez

El Congreso peruano había sido disuelto constitucionalmente el año pasado por Vizcarra luego de que le negó su apoyo a un proyecto de ley que variaba la manera de elegir a los miembros del Tribunal Constitucional, y tras más de un año de una actitud "obstruccionista" hacia su labor.

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Pero el advenimiento de un nuevo parlamento no eliminó por completo las tensiones. El partido Fuerza Popular (fujimorista, derecha), el principal opositor y el más feroz enemigo político de Vizcarra en el anterior Legislativo, donde gozaba de 73 de 130 escaños, sigue siendo una "piedra en el zapato".

Reducida su bancada a sólo 15 legisladores en el actual parlamento, el fujimorismo continúa en su actitud confrontacional, tal como lo demostró en la última votación en el peno sobre cambios en la Constitución que forman parte de la reforma política impulsada por el jefe de Estado: Fuerza Popular fue el único partido en el que la totalidad de sus miembros votaron en contra, bloqueando los objetivos del Ejecutivo.

Ante este panorama que, en opinión de la ciudadanía y según sondeos, pinta al nuevo Congreso como una decepcionante extensión del desprestigiado parlamento disuelto, Vizcarra ha optado por designar como su nuevo primer ministro al abogado Pedro Cateriano, quien ya ocupó ese cargo entre 2015 y 2016.

A pesar de que Cateriano se caracteriza por su oposición frontal al fujimorismo, según el analista político Alejandro Godoy, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, consultado por Sputnik, es "un hombre curtido en política y que sabe dialogar", por lo que se prevé que el jefe de Estado esté optando por el camino del consenso con sus opositores para salir con bien del último tramo de su Gobierno.

Así, no sería gratuito que en el último mensaje que dirigió a la ciudadanía la semana pasada, y donde tocó el tema de las desavenencias con el parlamento, Vizcarra dijera que es un presidente "que está de salida", como invitando a sus adversarios a la calma que debería acompañar a los finales y despedidas.

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