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Rusia 2018: la fiesta deportiva que cuenta lo que otros callaron (y callan)

En los medios latinoamericanos, no es raro escuchar el asombro de los cronistas o hinchas que viajaron a Rusia 2018 por la amabilidad del pueblo anfitrión y la similaridad cultural en muchos aspectos. Al propiciar el contacto "sin intermediaciones", el Mundial sirve para derribar mitos y prejuicios sobre el país organizador.
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Así lo explicó a Sputnik Martín Baña, profesor de Historia Rusa en la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien aseguró que "en general" se entendió a Rusia "como un lugar exótico, extraño y muy diferente de lo que podemos considerar como cultura occidental", debido a "circunstancias históricas".

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Los miles de hinchas de la región que han cruzado el océano para alentar a su selección han quedado maravillados al encontrarse con ciudades modernas y vibrantes, habitadas por personas cálidas, dispuestas a dar una mano a los visitantes. En suma, una imagen que rompe con el concepto de los rusos como distantes y hostiles.

Los que no fueron, han podido disfrutar de emisiones televisivas que muestran las características de todas las ciudades sede, con visitas a puntos de interés panorámico y cultural y suscitando un interés hasta ahora inédito.

¿A qué se debe esto? Durante el siglo XIX, las crónicas de viajeros y diplomáticos solían dar "una descripción negativa de Rusia", con el fin de "reafirmar la identidad europea" de sus autores. En el siglo siguiente, la Guerra Fría contribuyó a que desde Europa y EEUU se mostrara a Rusia y el resto de la Unión Soviética como "la encarnación del mal", por representar al sistema comunista.

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"Eso ayudó a aislar a Rusia, a verla como un espacio exótico y diferenciado. Pero cuando uno ve lo que sucede en la propia historia de Rusia, en la cultura y el pensamiento, hay una enorme cantidad de contactos entre Rusia, Europa y el mundo en general. No se puede pensar a Rusia sin Europa y no se puede pensar a Europa sin Rusia", aseveró Baña, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet).

​La filosofía existencialista, por ejemplo "no hubiese sido posible sin la influencia de escritores como Fiódor Dostoieviski". La teoría de la no violencia de Mahatma Gandhi "no hubiera sido posible sin la influencia de León Tolstói en él".

"De modo que hay una gran cantidad de puntos de contacto entre Rusia y el resto del mundo, más de lo que uno supone a priori", aseveró el historiador.

¿Por qué en el Mundial y no antes?

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En el Mundial, la presencia directa, "sin intermediaciones" de los visitantes ayuda a demoler los preconceptos que se tienen hacia los rusos, apuntó Baña. Los rusos de hoy están un poco distantes de la fama que se han ganado de "personas frías, melancólicas, rudas", aunque si esta construcción se hubiera hecho a partir de otras expresiones culturales, como por ejemplo la música, "la imagen tal vez hubiese sido diferente".

"Es una imagen que se construyó a partir de cierta literatura rusa, la que fue recepcionada en Occidente. Pienso en autores como Dostoievski, o Tolstói o Nikolái Gógol. A partir de sus personajes se creó esta imagen de los rusos como tendientes a la melancolía", constató el experto.

"Cuando uno va al lugar y entra en contacto se da cuenta de que esa imagen se cae. No tiene ningún tipo de fundamentación y es un poco lo que se está viendo incluso en los cronistas o periodistas que están allá. Muchas veces lo dicen con un tinte de sorpresa que esperaban encontrar otra cosa y se topan con otra que no tiene nada que ver", agregó el experto.

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En Rusia —y anteriormente en la URSS— existió y existe "una tradición bastante importante en lo que respecta al deporte". Si bien hay disciplinas más populares que el fútbol, actualmente el Mundial como evento y los buenos resultados de la selección anfitriona —basta pensar que eliminó a España, una de las candidatas preferidas al trofeo— están alimentando la curiosidad hacia el balón redondo.

"Por un lado, espectáculos globales como los Mundiales no dejan de ser una oportunidad para transmitir hacia afuera cierta imagen del país organizador, en este caso Rusia. Para adentro sirve como un estímulo para generar cierto interés en un deporte que ocupa un lugar menos importante", agregó.

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El Mundial está sirviendo para derribar también las nociones que se tienen de Rusia como país en un invierno eterno, cubierto siempre por la nieve. Una noción que cae al instante cuando los periodistas van a entrevistar a los hinchas acostados en las arenas de Sochi tomando sol con ropa ligera o cuando los relatores adjudican al calor la caída del desempeño de los jugadores durante un partido.

"El estereotipo dice que Rusia es frío, es invierno, y la gente que estaba ahora está sorprendida porque había 30 grados y tenía que estar de bermudas debido al calor. Incluso climáticamente hay una cuestión de estereotipos que se construyeron alrededor de Rusia", constató Baña.

Cada estación tiene su particularidad y no es lo mismo ver Rusia en julio que en diciembre: son experiencias totalmente distintas. Baña puso a San Petersburgo como ejemplo:

"En invierno es todo blanco, los canales están congelados y la luz del día dura muy poco. En verano es una fiesta, porque está todo verde, podés disfrutar de los canales y prácticamente no hay noche".

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